Gastronomía · julio 20, 2026

La fabada asturiana: el plato que reconforta después de la montaña

Asturian fabada: the dish that comforts after the mountain

Fabada asturiana servida en cazuela de barro

Foto: Juan J. Martínez / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0

Después de un día entero caminando por los Picos de Europa, pocas cosas sientan mejor que un buen plato de fabada. Es, sin discusión, el plato más internacional de la cocina asturiana, y también uno de los más sencillos en apariencia: fabes (una variedad de alubia blanca grande y mantecosa) cocidas a fuego lento con compango.

El compango es la clave del plato: chorizo, morcilla y lacón o tocino, todos curados o ahumados, que aportan a las fabes ese sabor profundo y ese caldo espeso tan característico. La cocción lenta es fundamental — las fabes deben quedar enteras pero tiernas, casi deshaciéndose en la boca, sin llegar a romperse.

Aunque hoy se come en toda España, la fabada es un plato pensado para el frío y el esfuerzo físico: tradicionalmente se preparaba para los días de mayor trabajo en el campo o la montaña, cuando el cuerpo pedía algo contundente. Por eso encaja tan bien con unas vacaciones activas en Cabrales: después de la Ruta del Cares o de subir a Bulnes, un plato de fabada es la recompensa perfecta.

Se sirve siempre bien caliente, a menudo con un poco del propio compango aparte, y se acompaña casi siempre de sidra o de un vino tinto sencillo. Pregunta en cualquier restaurante de la zona: la fabada casera, hecha a fuego lento durante horas, sigue siendo un orgullo de la cocina de cada casa.

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